Recomendamos la revista de musicología Sineris, esperamos que sea de su interés este material
Buen día!Me complace invitarlos a una serie de exposiciones que haremos en torno a la sociología de la música, desde la perspectiva de Max Weber. Serán los miércoles de 2 a 4 de la tarde, en la oficina frente al centro de documentación del departamento de sociología, edificio Orlando Fals Borda (205) de la Universidad Nacional.
El programa tentativo por fechas, expositores y temáticas, es el siguiente:
1 septiembre Oscar Beltrán Introducción a la Sociología de la música en Max Weber
8 septiembre Nataly Patiño Relaciones técnicas, económicas y sociales entre la música moderna y sus instrumentos
15 septiembre Jorge Ravagli Melodía y armonía como factores en la racionalización de la música
22 septiembre Jorge Ravagli Sistemas de escala prediatónicas y occidentales como fundamentos de la racionalización musical
29 septiembre Oscar/Santiago Tonalidad y sus equivalentes en la melodía antigua
6 octubre Oscar Beltrán Racionalización de la escala en términos de cuartas y quintas: fundamento de la tonalidad moderna
13 octubre Melba Villamizar La evolución de la polivocalidad occidental
20 octubre Santiago Rangel Racionalización del sistema tonal y el temperamento.
Miércoles 18 de agosto 2 pm.
Centro de documentación, Edificio Orlando Fals Borda 205
Departamento de Sociología
Universidad Nacional de Colombia
Bogotá
Informes por este mail y al teléfono 3132042240
Buena noche compañeros y compañeras;
Este miércoles será la obertura de nuestro grupo de investigación en sociología de la música en Colombia.
El proyecto busca que la población sociológica colombiana se interese en la música como elemento ineludible de cohesión, interacción e intercambio de valores (de todo tipo) entre individuos y colectivos, más allá del plano simbólico y adentrándonos en el estudio de lo acústico como materia prima de estas interacciones.
Nos interesa plantear el debate epistemológico sobre la sociología de la música y cómo sería pertinente abordarla en Colombia, por ello estarmos trabajando en conjunto las facultades de sociología de la Universidad Nacional y la Universidad Santo Tomás, en ambos "claustros" desarrollaremos conversatorios, tertulias, talleres para conformar el staff de trabajo para llevar a cabo tan ambiciosas pretensiones.
Las fechas y lugares de encuentro serán los miércoles en las dos universidades:
SANTO TOMÀS
Miércoles 10 de Marzo a las 10:00AM en el salón S404.
UNIVERSIDAD NACIONAL
Miércoles 10 de Marzo a las 5:00PM Salón 131 edificio 212 (Aulas de Ciencias Humanas
Las lecturas base para este primer encuentro son:
Estructura social de la música, Madrid 1961; M. VALLS GORINA,
Que se encuentra en:
http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=11782&
cat=sociologia
Y "Problemas de una sociología de la Música" por Otto Meyer. Este artículo se encuentra en la base JSTOR dentro de los catálogos de la Revista Mexicana de Sociología, Vol 13 Nº 1.
Quien no pueda acceder por favor escriba al correo y con mucho gusto le enviaremos una copia en PDF.
Un saludo
Agradecemos su interés.
Grupo Semillero de Invesigación en Sociología de la música en Colombia
www.sociologíamusica.blogspot.com
3142037065 Santiago Rangel
3132042240 Oscar B. Santos
Autora:
Claudia Isabel Serrano Otero (2009)
Institución:
UNAD
Tipo de publicación
Ponencia
IMAGINANDO CON MUSIQUITA UN PAÍS, IMAGINARIOS SOCIALES DE LA VIDA CAMPESINA ANDINA, EXPRESADOS EN LA NARRATIVA DE LA MÚSICA CARRANGUERA
La vida pa’ ser la vida
dos cosas debe tener:
risa to’a la que le quepa
y canto a más no poder.
Jorge Velosa Ruíz
Cada pueblo tiene su propia forma de sentir, asumir sus congojas, imaginar su realidad y contar rítmicamente sus historias. Cada copla, cantar popular, refranero, compás, son, rumba, abozao o alabao, son una articulación de identidades y a su vez el espacio de expresión de prácticas sociales.
La Carranga, la musical y la bailadorcita que escuchó los cantos de los caminos de romería, ha venido narrando historias de vida de los sujetos andinos, sus sentires, pensares y pesares. Género musical que reúne diversos ritmos andinos que surrunguiaban1 los campesinos en las reuniones familiares, romerías, fiestas de los pueblos, entre otros espacios, donde se complementaban instrumentos heredados por los españoles y adaptaciones de los pueblos indígenas para la interpretación de las músicas.
Múltiples historias provinciales se tejieron en los viajes de romería realizados por los hoy abuelos, quienes iban una vez al año, a pie, a caballo o apilados en un camión, a cumplir sus promesas, a pedir bendiciones para sus maticas y sus familias. Como en la historia de Siervo sin Tierra, “más de quinientos promeseros de la Hoya del
Chicamocha salieron aquella madrugada de la plazoleta de la Hacienda (...) vestidos con la ropita de las grandes ocasiones, con talegos de avío en la mano y una ruana al hombro para envolverse si se presentaba el caso de dormir en alguna parte (...) los hombres llevaban el tiple o el requinto en bandolera, y las mujeres, con dos o tres
corroscas o jipas en la cabeza, arrastraban a sus niños de la mano...”2
Tengo un dolor en el alma
quién me lo podrá quitar?
Pos la Virgen del Rosario
llegando a Chiquinquirá.
Compañero de promesa,
no nos vamos en ayunas:
mientras yo pelo las papas
componga vusté las yucas.3
La Música Carranguera nace en el contexto mundial de la modernidad, como una forma de reavivar los conocimientos y sentimientos locales; sujetos que desean reconocimiento en una era donde los mercados globales traspasan fronteras y las culturas regionales se disipan.
Con “cuatro palitos”4, con ruana, sombrero y alpargatas, recreando cantos y cantas populares, invitando al baile y a la vida; Javier Moreno, Jorge Velosa, Ramiro Zambrano y Javier Apraez, conciben un tejido de música y pensamiento, plasmado en 1981 en su primer LP, bajo el singular nombre de “Los Carrangueros de Ráquira”; definición sonora y consecuente con los cantos e historias del altiplano cundiboyacense y santandereano, que se dejaban oír por aquellos y otros días, en los que el ser boyaco, campesino y popular ha sido sinónimo de subalterno.
Como lo refiere Canclini, en la modernidad se acostumbra suponer una cadena de oposiciones donde los sectores hegemónicos otorgan un destino fatal a lo popular que se arraiga en las tradiciones. “El pueblo interesa como legitimador de la hegemonía burguesa, pero molesta como lugar de lo inculto por todo lo que le falta5”.
Canta el Pueblo,
porque tiene muchas cosas que cantar.
Viva el que se hecha una canta,
viva el canto popular.6
La Carranga, término que se utilizaba en este territorio para referirse a un animal viejo (ganado) que se muere por accidente o enfermedad, y carranguero, el que asumía el oficio de vender la carne del carrango, se transforma para referirse a un género musical, sinónimo de alegría, baile, fiesta, identidad, ternura y pensamiento social. Con historias de chinas que se van pa’ la capital, Gregorios que regalan cucharitas de hueso, amoríos de Rosas o de Julias, Tocayos cantores, Campesinos Embejuca’os, campesinos copleros, Reyes Pobres, compadres pipilocos, Lenguas Chismosas, culecas y pelionas, boyaquitos de Boyacá, sonsoneteros del habla,
querendones de las maticas y otras cuantas más.
La región cundiboyacense y santandereana encuentra en La Carranga, un canal para expresar las situaciones más diversas sobre el sujeto y su territorio, sus relaciones sociales, problemáticas del campo, violencia, desplazamiento, marginación y pobreza, relación con la tierra y el medio ambiente, sueños e ideales de progreso, de un pueblo que canta y cuenta en verso sus pensares y pesares. De los ochentas a hoy, se ha constituido en un género musical que ha sido apropiado por diversas agrupaciones campesinas, urbanas e indígenas, que encuentran en La Carranga un medio para expresar y narrar sus vidas.7
La vida campesina andina es un tejido de muchas dificultades y tristezas, desolación por lo que no fue, por lo que pudo haber sido, por lo que se fue sin lograr consolidarse... y en medio de esta escena lúgubre irrumpe una música que tiene la capacidad de devolver la sonrisa a los campesinos, dotada de la magia lingüística de la copla, el dicho, la adivinanza, el refrán, el trabalenguas. Se bailan las penas, se libera el espíritu y hay posibilidad de pensar en las cosas hermosas de la vida; La Carranga le devuelve al campesino su capacidad de soñar.
Como narra Silvita:
“A la finca se iba todos los días, había que recoger leña, arriar las vacas, encerrarlas en un potrero y en la tarde se atendía la tienda, porque el que tiene tienda que la atienda, como decía mi mama. Mañaniando había que ordeñar esas pelonas vacas, que si quedaban mal maniadas, corra porque pateaban duro las condenillas. Por el camino me entretenía comiendo guayabas, arrayanas, o lo que hubiera, mi mamá también decía que se me iba a cerrar la tripa de la apéndice de puro tragar pepas, buenos mal que no le hice caso, por que ¡ah malaya!, como las extraño hoy. En la tienda se conocía a uno que otro paisano, a veces sin pensarlo se armaba la fiesta, con algún chofer que pasaba y se sentaba a echarse sus polas, o a pedir al fiado. Áhi si tuvo mi mamita problemas con eso; pero bueno, esa es otra parte de la historia. Iba en las fiestas, se ponía la grabadora con cassettes a todo volumen para que los vecinos escucharan lo bueno que por áhi se taba, y hasta se animaran a bajar a la rumba. A veces se animaba don Tulio, que tenía un tiple viejo y era mucho’e buen coplero.”
Las producciones musicales (incluso en el sitio más recóndito del mundo), cada una en su particularidad está representando sentimientos, cosmogonía, formas de vida, sueños, y en síntesis, imaginarios de grupos sociales específicos. “La música es un espacio de elaboración psíquica por excelencia, he aquí su poder; estimula y
canaliza nuestras emociones, y la emoción es testigo y creadora de vida. La música ha sido siempre texto vivo, reflejo fiel de la vida y testigo de la historia de cada sociedad, de cada época. Sería ingenuidad o ignorancia seguir pensando que la música es algo neutral, trivial o inofensivo; ella es mucho más que un artículo de consumo o que un simple objeto de entretenimiento”8.
La noción de los imaginarios sociales se ha convertido, como lo refiere Cornelius Castoriades, en una herramienta imprescindible para toda investigación social, puesto que lo que conocemos de la sociedad no es la realidad sino las representaciones de las realidades.9 El imaginario se constituye como producto de la realidad, una mentalidad que se traduce en una forma de ser como pueblo y que se concreta en diversas formas del lenguaje.
Los imaginarios sociales son explicados por Armando Silva10 a la luz de las colectividades urbanas, entendiéndose por urbano no sólo a lo que hace parte de las ciudades; lo urbano es concebido como un intangible, “un no lugar”; se trata de la mentalidad, de la forma de vida, consumo de conocimiento, tecnologías y saberes que en su mayoría se hacen inconscientes.
De igual manera se logra “ser rural” aún viviendo en una ciudad. Manifestaciones como el laborioso cuidado de pequeños cultivos y plantas de jardín, entre otros elementos de la vida campesina, hacen parte de habitantes de la ciudad y a su paso se constituyen en una necesidad tangible, dadas las realidades sociales contemporáneas
que impulsan al rescate de lo campesino, en medio de crisis económicas y alimentarias.
Aquí me tienen
con mi bulto arrastrando,
como quien dice
llevando de la vida.
Pero las penas
las bailo y me las gozo,
pues si les doy reposo
me ganan la partida11.
La cultura es el punto de partida de todo análisis social y como refiere Gramsci, “cultura es organización, disciplina del yo interior, apoderamiento de la personalidad propia, conquista de superior conciencia por la cual se llega a comprender el valor histórico que uno tiene, su función en la vida, sus derechos y sus deberes”12. Lo cultural es una manera de verse y sentirse en contexto con el mundo que nos rodea, una representación simbólica, un modo de gozarse la vida, un ser humano “psíquico y social” que aprende, experimenta, se expresa, se identifica con unas costumbres y significados de grupos sociales específicos.
El campo colombiano es quizá el escenario más determinante de la vida de la Nación. En las zonas rurales de Colombia se define la suerte de la cultura, de la guerra y de la paz y también la garantía de la alimentación y la salud de la población, así como la sostenibilidad ambiental del territorio.13
Campesino, compañero del trabajo,
hombre fiel de sufrimiento y engaño.
Campesino de su pueblo y la vereda,
en sus manos está el pueblo colombiano.14
En las representaciones colectivas existentes sobre la condición campesina son evidentes, por una parte, rasgos como la rudeza o la violencia ejercida por gamonales de haciendas patriarcales y la posición servil de sus trabajadores, en extremo religiosos, que a su vez son intransigentes con sus iguales en condición y, por otra parte, existe el imaginario del campo como un lugar paradisíaco, dotado de gentes heroicas, poseídas de un espíritu henchido de amor, nobleza, bondad, paz y belleza, brindado por el medio natural.
Nadia Rodríguez describe la categoría de campesino precisando que “se siguen evocando imaginarios asociados con el agricultor rústico, la pobreza, el atraso y menor articulación con el Estado y el mercado. Esta idea, que tiende a ser estática, ha tenido incidencia tanto en las auto-percepciones y acciones campesinas, como en las de los diversos actores que intervienen en el ámbito rural (Estado, ONG, agroindustrias, organizaciones de base, académicos, etc.)”15.
Campesino por herencia
y esto a mi no me acompleja,
quisiera que fuera un canto,
pero es una moraleja,
que aunque traiga ruana e’ lana,
mi máma no es una oveja.16
En las historias de vida que contienen las canciones carrangueras se identifican diversos factores de la existencia en el campo y sus relaciones, representadas en sus narrativas y conformándose como fractal para vislumbrar los imaginarios sociales de los pueblos que hacen parte de la región andina colombiana de los departamentos de Cundinamarca, Boyacá y Santander.
Las dinámicas de lo rural se han visto afectadas en el último siglo por diversas razones sociales, políticas, económicas o culturales; razones como las que explica el colectivo de estudio que realizó el documento “El campo, una carta por jugar”, en el que se describe cuáles son las causas de la disminución de habitantes del campo. “A lo largo del último medio siglo, las políticas estatales propagaron la idea de la migración de campesinos a las ciudades, donde obtendrían mejores niveles de ingresos y bienestar. Con ella se alimentaron también los imaginarios colectivos en especial a través de los modernos medios de comunicación y se favoreció adicionalmente la continuación de la marginalización, expropiación y expulsión violenta del campesinado, prácticas constantes en la historia del país desde los inicios de la República”17. Este campesino migra a grandes y medianas concentraciones urbanas, donde sus escasos ingresos se obtienen principalmente en actividades informales y de construcción, engrosando así los cinturones de miseria de sus lugares de destino.
Dejó las vacas y el burro,
la vereda y el maizal;
dejó también mi cariño
por quedase en Bogotá.18
“"Todo es comida”, dijo mi amigo don Libardo. Creo que desde cuando el hombre caminaba en cuatro patas, le cantaba al biyuyo. Y debe ser así, porque no hay cosa más alegre o triste que tener o no tener con qué. "Amor no s'echa a l'olla, sino carnita y cebolla", dicen por ahí, que de pronto es lo mismo que "barriga llena, corazón contento" o "el Camino de la vida pasa por la tripa"”19.
Con esta introducción Velosa nos lleva a pensar en el ser y el tener para ser, para ser lo que se quiera ser, campesino, músico, lustrabotas, funcionario o estudiante...
Dentro del modelo capitalista si no se tiene dinero, no es posible vivir digna y tranquilamente.
Uno de los grandes problemas agrarios es justamente que no se consigue dinero para vivir placidamente, porque el desarrollo y las oportunidades del campo se quedaron enredadas en los taburetes de los altos funcionarios y nunca llegaron al beneficiario primario. La reforma agraria nunca llegó, el campesino de a pie sigue en las mismas o en peores condiciones de las que vivía hace algunos años. Se ha pensado en la gran industria, en el monocultivo, pero en la forma de obtención de beneficios de las pequeñas fincas productoras nunca se pensó; la pobreza y la violencia a la que están enfrentados los campesinos, los convierte en una de las comunidades más vulnerables del país.
En diversas canciones escuchamos la referencia alrededor del tema de la pobreza vivida en los campos. Esto no es un hallazgo, ni una alegoría, es una condición de vida que ha estado y sigue presente aún con las diferencias acaecidas en los últimos treinta años de la transformación mundial producida por la revolución tecnológica. Lo
que sí es curioso es la forma humorística con la que La Carranga aborda estos temas, que en términos generales darían paso a interminables lamentos y transes de desesperación y desolación.
EL GÜESITO GUSTADOR
Compositor: Álvaro Suesca
Intérprete: El pueblo Canta
Como sea cosa que se pueda,
pues por supuesto...
Oye vecino, hágame el favor,
por vida suya, préstemelo,
un momentico su gustador,
para sopiarlo en mi colador.
Ay se lo jondio, ponga la ruana,
y cuidadito con la sustancia,
no me lo chupe, ni me lo lamba,
tres metiditas y me lo manda.
Porque en casa no jalta,
y si jalta, es porque no hay...
Es que mi esposo, el que mercó,
se lo ha prestado, ya va pa’ un mes,
a su vecina y me lo mandó
ya sin sustancia y vuelto al revés.
Es un huesillo, que no es tan hueso,
tiene un pedido muy sin igual,
el del esposo para el almuerzo
y el del vecino para cenar.
Siempre la patrona notó la merma,
vecina y ‘hora?...
Es preferido por to’as las chicas
y es el encanto de las señoras
y es un gustazo en to’as las comidas,
que nunca, nunca pasa de moda.
Como bien se ha dicho, los mitos surgen de una realidad; el güesito gustador en la zona andina es un mito con el que se hace humor. La historia del güesito gustador nace “de los campesinos de la provincia de Vélez quienes colgaban en el garabato que pendía del techo de la cocina el güesito, éste era descolgado para darle sustancia a la sopa y regresaba a su puesto, con el objetivo de repetir la misión al otro día, lo cual revela, en tono picaresco, la manera como estos hombres cocieron en la hornilla, la hambruna que generó la guerra de los mil días”20.
Suena lejana esta experiencia de la guerra, pero este famoso garabato en las cocinas campesinas en donde se cuelga el güesito gustador es todavía una costumbre en algunos pueblos del complejo andino. También lo es la carne que se pone a colgar o a “oriar” en el garabato, al no existir en los campos electrodomésticos como neveras que conserven los alimentos, cuestión que no refleja otra cosa distinta que la pobreza que se vive en estas provincias (Porque en casa no jalta, y si jalta, es porque no hay).
La Carranga logró que las personas no sintieran vergüenza de identificarse con el ser campesino, un modelo pedagógico para los niños y las niñas, objeto legítimo de estudio científico en las ciencias sociales. Juglar y juguetona que le da voz a un pueblo, cumpliendo en toda su dimensión la función social de las artes. La abrigadora como una ruana, el género musical con cientos de exponentes en todo el país, que plasma los sinsabores tradicionales y modernos de la cultura andina. Entre merengues, rumbas, torbellinos, rajaleñas o guabinas, cantos, cantas y versos, plantea la responsabilidad social que se debe asumir ante los devenires propios del campo, de la ciudad y del país en general, donde el vaivén de relaciones sociales se tejen de diversas maneras.
REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFÍA
1 Palabra usada para referirse para el apenas medio sonar un instrumento de cuerda.
2 CABALLERO CALDERÓN, Eduardo. Siervo Sin Tierra. Biblioteca de Literatura Colombiana.
Edición Oveja Negra. Bogotá, 1983. Página 71.
3 Coplas boyacenses, referidas en: http://www.lablaa.org/blaavirtual/folclor/pueboy/pueboy7a.htm
4 Con cuatro palitos, se toca la Carranga, con requinto y tiple, guitarra y guacharaca, vamos sonando rumbitas y merengues para alegrar la vida, pa’ que goce la gente... LOS CUATRO PALOS. Álbum: El Que Canta Sus Penas Espanta. Jorge Velosa y Los Hermanos Torres.
5 GARCÍA CANCLINI, Néstor . Culturas Híbridas, Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Editorial Grijalbo, México, 1990. Página 194
6 VELOSA RUÍZ, Jorge. Referencia hecha en Videograbación Audiovisuales, Programa Maestros. Inicio de programa radial: “Canta el Pueblo”. Archivo Sala de Música, Biblioteca Luis Ángel Arango – VK1655.
7 CÁRDENAS, Felipe y MONTES, Mónica. Narrativas del Paisaje Andino Colombiano: Visión Ecológica En La Música Carranguera De Jorge Velosa. Departamento de Ciencia Política y Derechos Humanos, Universidad de La Sabana, 2006.
8 LONDOÑO, María Eugenia. Y La memoria se hizo música. Universidad y Universo, Universidad de Antioquia. Medellín, 2002. Pág 13 y 15.
9 GARCÍA CANCLINI, Néstor. Imaginarios Urbanos, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1997. Citado en L’Institution imaginaire de la Societé. 1996.
10 Charla personal con el profesor Armando Silva, profesor de las Universidades Nacional y Externado de Colombia, autor de diversas investigaciones en imaginarios sociales.
11 VELOSA RUÍZ, Jorge. Llevando del Bulto, Álbum: Marcando Calavera, Velosa y los Carrangueros.
12 GRAMSCI, Antonio. Antología. Selección, traducción y notas de Manuel Sacristán. Siglo XXI Editores. Tercera Edición, México, 1977. Capítulo I, página 15.
13 EL CAMPO, UNA CARTA POR JUGAR, perspectivas de la agricultura colombiana. Textos de aquí y ahora, ILSA, Bogotá, 2005, página 121.
14 HERMANOS AMADO. Campesino Colombiano.
15 RODRÍGUEZ, Nadia. ¿Quiénes son los campesinos hoy? Diálogos en torno a la antropología y los estudios rurales en Colombia. Simposio, 12 Congreso de Antropología. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 2007.
16 VIVIESCAS NICODEMUS. El Campechano, interpretación del Tocayo Vargas.
17 EL CAMPO, UNA CARTA POR JUGAR. Op. Cit. pág 131.
18 VELOSA RUÍZ, Jorge. La China Que Yo Tenía. Los Carrangueros de Ráquira. 1981.
19 VELOSA RUÍZ, Jorge. La cucharita y no sé qué más. Historias para cantar. Carlos Valencia Editores. Bogotá, 1983.
20 HERNÁNDEZ, Carlos Nicolás. Santander y su folklore, Tres culturas editores. Bogotá, 2001. Página 23.
Este proyecto para hablar de sociología de la música en Colombia, es un esfuerzo emergente, que estudiantes, profesores e investigadores (principalmente de la Universidad Nacional, la Universidad del Atlántico y la Santo Tomás) pensamos desarrollar como eje académico independiente de las otras ramas de la sociología, dialogando con disciplinas como la etnomusicología, la musicología y los estudios culturales.
En Colombia se ha hablado de música en la sociología, pero no se han hecho intentos serios por institucionalizar una vertiente del quehacer intelectual del sociólogo destinado al análisis y comprensión de los fenómenos musicales en función a relaciones sociales, y la primera etapa de esta convocatoria es reunir escritos (artículos, ensayos, ponencias) que relacionen estas dos atmósferas tratando con rigor académico categorías de la teoría sociológica y musical que serán publicados en primera medida, en un blog destinado a la socialización del material entre investigadores interesados en temas afines.



